DÍA 1
• Hay un ninja escondido en mi cocina…
• El ninja que está escondido en mi cocina afiló todos los cuchillos. Y me mira, agazapado en la sombra del refri.
DÍA 2
• Hoy el ninja desayunó huevos con chorizo y café. Lo sé porque dejó los trastes sin lavar en el fregadero. Temo reclamarle por su falta de limpieza.
• Mi vecino, el que está casi moribundo y golpea a su mujer, ha estado gritando. Le dice a su esposa: “¡Has lo que yo te digo! Enséñate a que cuando yo te diga algo, lo hagas. ¿No te lo estoy diciendo?”. Y se escuchan golpes por su casa. El ninja escucha atento desde la ventana de la cocina. Con el sonido del último golpe le noté un particular brillo en los ojos.
• El ninja, a pesar de todo, es un poco educado. Dejó una nota que dice: "salí al tianguis". Lo único que no me gusta es esa mano que encontré guardada en el congelador.
• Por la noche tuve frío. Me levanté a tomar un vaso con agua y encontré el ventanal de la sala abierto. Me asomé un momento por el balcón y el aire me acarició la cara mientras miraba la luna que parecía una uña arañando la ciudad. Regresé a la cocina por mi agua y hasta entonces recordé al ninja, pero no noté su presencia. Aún así, no quise encender la luz y regresé a mi habitación.
DÍA 3
• Hay un bonsái en la mesa de la sala.
• Hoy mi vecina no me ha saludado. Me miró a los ojos con un gesto entre enojo y preocupación. Lo noté a pesar de las lágrimas que derramaba. Bajó corriendo las escaleras del edificio y dejé de verla al doblar la esquina. No sé qué tenga, sólo sé que en su departamento hoy hubo mucho silencio.
• El ninja se baña. Me causa morbo. Quisiera entrar y verlo...
• Estaba a punto de abrir la puerta del baño cuando sonaron las patrullas. La policía está como loca recorriendo las calles de mi colonia. Escuché la cortina del baño correrse y regresé corriendo a mi habitación. Encendí la tele a todo volumen.
• Silencio. No hay nadie en la casa. Salí un momento a la calle donde los camioneros de enfrente comentan el andar de la policía por la colonia. Unos dicen que lo agarraron, otros que desapareció, otros dicen que brincó una barda como si volara. Gran cantidad de rumores se dispersan. Yo sólo prefiero caminar.
• La vendedora de boletos del metro está aterrada. Dice que encontraron a dos decapitados en el puente peatonal. Uno de los cuerpos cayó a la avenida. Seis chicas venían en un auto y al ver el cuerpo caer, perdieron el control y se estrellaron contra los contenedores de las vías del metro. Las seis murieron. Esto me impacta… nunca había visto gesto alguno en la cara de una vendedora de boletos del metro.
• Regresé a casa con un poco de hambre. Fui hacia la cocina y antes de abrir el refri escuché por primera vez su voz. Con un acento extraño me dijo desde las sombras: "Hay arroz en la nevera". No supe si me lo ofrecía o me advertía que no lo tocara, sólo di la vuelta y entré corriendo a mi cuarto.
DÍA 4
• No pude dormir en toda la noche. Tal vez por trabajar, tal vez porque no podía olvidar su voz.
• Hoy vino la señora del aseo. Su particularidad es no poder dejar de hablar y reproducir íntegras pláticas de otras personas. La escoba, más que el polvo, barre las palabras que va tirando por toda la casa. La paz se ha perdido. El ninja salió huyendo.
• La señora del aseo ya se fue y el ninja no está. Es extraño este silencio de ausencia en casa.
• Con tiempo y espacio para trabajar tranquilamente. Intento hacerlo pero estoy como una madre, pensando en el ninja y con el pendiente de a qué hora regresa. ¿Dónde estará?
• Fui a la cocina y abrí el refri. Encontré un refractario con arroz blanco. Muy blanco. Parece algodón guardado en el refrigerador, salvo por su perfecta consistencia. Iba a probarlo pero me arrepentí y saqué el refractario con carne molida. Abrí el congelador para tomar unos hielos y vi un par de bolsas negras. Un poco de sangre alcanzó a correr de ellas antes de congelarse. Cerré el congelador. Perdí el apetito.
• Atardece. No hay rastros del ninja. Le puse un poco de agua al bonsái. Estuve sentado en el balcón mirando la calle. Gente caminando muy tranquila, camiones que pasan, niños que lloran... Esta tranquilidad me parece sospechosa. Igual que el silencio en el departamento del vecino. Saldré a la calle. Dejaré el ventanal abierto por si regresa.
• Caminar con la sensación de que alguien te sigue no es agradable.
• Al volver a casa está todo en calma. Hay una figura de origami sobre la mesa y una bolsa más dentro del congelador. Siento alivio. Aunque mezclado con molestia.
• En la noche, un fuerte ruido de golpe seco. Desperté con un grito contenido. Intenté mirar en la oscuridad y al no ver nada sólo dije: "sal de mi cuarto". Y me oculté bajo la almohada esperando poder dormir.
DÍA 5
• El sol me trajo la verdad. El peso de mi ropa venció al tubo que la sostenía y todo cayó quedando amontonado en el suelo del ropero. Ahora a llamar al carpintero… y a disculparme con el ninja.
• Doy vueltas en mi cuarto buscando algún pretexto para no salir. Debo ofrecer disculpas pero no sé cómo. Tal vez las cosas se hacen mejor sin pensarlas. Respiro y cruzo la puerta.
• El ninja no está.
• Una vez más, las patrullas de policía corren por mi colonia mientras cantan a todo volumen. Su musical no es agradable. Les falta afinación y una mejor coreografía. Cierro el ventanal esperando que el ruido quede encerrado afuera y enciendo la televisión.
• De fiesta en casa de amigos me siento libre, tranquilo y despreocupado. Miro su pecera y veo a los peces persiguiéndose entre ellos. Al fondo, junto al filtro, hay uno muerto. Pienso: "pobre, ya le tocaba". Levanto la vista hacia la ventana y miro en el balcón un pequeño brillo que desaparece furtivamente. Tal vez fue el reflejo de la luz. Aunque su apariencia de sonrisa ha dejado un frío que me recorre el cuerpo.
DÍA 6
• No sé cómo llegué a casa.
• Alcohol y baile: buena combinación para entrar en calor y olvidar preocupaciones. Pero ahora la realidad me viene en resaca. Tengo sed. En mi mesa de noche hay un vaso con agua. Yo no lo traje, de eso estoy seguro. Pero en este momento nada más me importa.
• Entre jaqueca y diarrea, pienso: el ninja ya tiene casi una semana en casa y no sé su nombre. Sé qué no me atreveré a preguntárselo. Pero el morbo es más fuerte que yo.
• Dejé en la barra de la cocina un papel con la pregunta: "¿Cómo te llamas?". Siempre he pensado que con los extranjeros es mejor lo escrito que lo hablado. Veamos qué resulta.
• Aprovecho que el ninja salió para ver. Sé que leyó la pregunta. El papel no está como lo dejé. Sin embargo, no hay respuesta.
• El ninja regresó hace rato. El papel está igual en la barra de la cocina. ¿Habrá forma de presionarlo? Tal vez cuando se esté bañando… le cortaré el agua y pasaré el papel por debajo de la puerta. No habrá agua hasta que responda.
• Mañana me levantaré temprano y lo acorralaré en el baño. Esto no puede seguir así.
DÍA 7
• Desperté tarde y ya no acorralé al ninja en el baño para cortarle el agua… Estaba resignado a seguir en la ignorancia nominal cuando me enteré que hoy por la madrugada se fue el agua en la Colonia. No sé si el ninja sabía mi plan, pero hoy en la cocina encontré respuesta a mi pregunta.
• No entiendo un carajo de lo que dice. Maldito ninja.
• …
• Necesito aprender japonés.
• Del japonés, google me dice que hay tres formas de escritura. Que cada una de ellas tiene una gran cantidad de variantes en símbolos y que es uno de los idiomas más difíciles del mundo.
• Odio al ninja. Pero mi morbo es mayor que mi odio. Estoy decidido a saber su nombre. Aprenderé japonés.
• Para empezar, iré a ver una película de kung fu.
• No sirvió de nada. El kung fu es de China y los ninjas de Japón. Y aunque todos parezcan lo mismo, hay diferencias. Voy comprendiendo poco a poco el odio contra los asiáticos.
• Al regresar a casa, encontré una bolsa negra y grande en la entrada del edificio, abajo de las escaleras. No quiero pensar nada malo, pero tampoco me dan ánimos de entrar al departamento.
• Abro el refri para sacar algo de cenar. El ninja ya no ocupa sólo el congelador. Hay junto al refractario de la gelatina un par de dedos, un brazo y un pato... ¿Qué hace un pato en mi refri?
DÍA 8
• Esta mañana, la vecina tomó sus cosas y se fue. Los demás vecinos comentan la noticia. Dicen que es por inconformidades en el matrimonio. Al parecer, el marido ya no la golpea.
• Ya no sólo hay patrullas en la colonia; policías a pie recorren las calles. Vigilan las esquinas, alumbran entre las sombras. Hoy tomaron a un indigente de abajo de unos cartones y lo subieron a la patrulla. No debieron soportar su olor porque lo bajaron dos cuadras después. El indigente sólo gritaba. Corrió tras la patrulla esperando que lo subieran otra vez. El ninja miraba atento desde el balcón.
• Ha pasado una semana ya de su presencia. Lo odio por ser esquivo, lo odio por su japonés que no comprendo, lo odio por su forma de ocupar mi refri, lo odio por el miedo que me produce... Pero me gusta la limpieza que hay ahora en casa.
DÍA 9
• Mi vecino llora. Sólo escucho que dice: ¡Ay, mamá!
DÍA 10
• Salí a caminar un rato para pasear a mi perro interior. Las patrullas andan por las calles en silencio, rodando en silencio, buscando en silencio, acechando en silencio... Creen que el silencio es lo mejor, pero fue el silencio lo que destruyó el matrimonio de mis vecinos.
• El bulto sigue bajo las escaleras. El vecino bajó para salir a la calle. A pesar de su aspecto mortuorio se le notan los ojos llorosos. Trae el brazo derecho en un cabestrillo y la mano vendada. Lo saludo apenas amablemente. Él responde el saludo con un murmullo y sigue su camino. En todo caso, no hubiera estado bien darle la mano.
• En casa todo en silencio. Siento la mirada del ninja que viene a mí desde la cocina. ¿Qué me ve? ¿Le parezco gracioso? ¿Se burla de mí? ¿Me compadece? ¿Me analiza? ¿Me barre? ¿Qué hace mirándome ese ninja?
DÍA 11
• El ninja me tiene harto. Lo voy a matar.
• Ese miedo que me provocaba se convirtió en molestia y ahora es enojo. No lo soporto. Su nunca hablar, su sólo estar. Su obsesión por la limpieza. Su árbol enano. Sus figuras de origami. Sus partes de cuerpo en el refrigerador. Mis cuchillos que ya no están. Ese altarsito montado sobre la despensa. Me tiene harto. Lo voy a matar.
• Esperaré a que esté parado en el balcón viendo el atardecer y lo empujaré. Dejaré que caiga por los cinco pisos y que un autobús lo remate. Tal vez la llanta pase sobre su cráneo y me libre de su presencia.
• O le pondré veneno para ratas en el caldo de verduras.
• O entraré directo a la cocina y le encajaré un cuchillo en el estómago. Y dejaré que sus tripas escurran por el suelo. Ya luego lo recogerá la señora de la limpieza.
• Mañana despertaré temprano y me libraré de él. Lo voy a matar.
DÍA 12
• Desperté y el refrigerador está limpio. No hay bolsas, brazo, dedos ni manos. El bonsái no está en la mesa de la sala. La bolsa de abajo de la escalera ha desaparecido. Los cuchillos están en el cajón ordenados por tamaños. Busco y no siento rastro del ninja, todo lo que encuentro es un pájaro muerto en una maceta del balcón.
• El ninja se fue.
• Puto.
DÍA 13
• ¿Por qué el ninja conocía mis pensamientos?
• La policía llegó a mi edificio como una banshee. De tres patrullas bajaron unos regordetes uniformados. Sus pasos resonaban en las escaleras mientras subían. Ellos dicen que corriendo. Llegaron a mi piso y, entre sofocos, fueron acercándose a mi puerta. Escuché un puño tocar tres veces. No quise moverme. El vecino abrió la puerta y los policías entraron a su departamento. Mi vecina está demandada por abandono de hogar.
• Tras su visita a mi edificio, la policía abandonó las calles de mi colonia.
• Silencio.
DÍA 14
• Sin rastros de nada. Dicen que cuando alguien se va o muere, deja un vacío en el espacio. Pero la ausencia del ninja no ha dejado nada, salvo mis intenciones fracasadas de ser un asesino.
DÍA 15
• El día pasó tranquilo. De vez en vez salgo al balcón a ver a la gente caminar. Mi vecino, desde su balcón, me sonríe tristemente. Esconde el brazo y sin despedirse, entra en su departamento a llorar.
DÍA 16
• Compré un bonsái.
DÍA 17
• Caminando, vi una sombra en la pared que se movía. Por un momento me emocioné y quise seguirla. Mi dibujo de sonrisa se borró al descubrir que era la sombra de una rama movida por el viento.
DÍA 18
• Por las noches, me quedo sentado en el balcón mirando hacia la calle. Veo los carros que pasan, el aire entre los árboles, las pocas nubes escondiendo a la luna. Y nada. Sólo una nostalgia de rojo intenso.
DÍA 19
• Han pasado varios días. Dicen que el tiempo ayuda a olvidar. Pasé por un puesto de películas piratas y vi una película de Bruce Lee. Entonces recordé al ninja y me llegó un olor a sangre. Sólo sonreí y regresé a casa.
• Estoy harto de estar triste y solo.
DÍA 20
• Animado por la luna, me vestí todo de negro. Tomé el pasamontañas, me cubrí el rostro y bajé a la calle por la rama del árbol que descansa en mi balcón. Caminé un par de calles escondiéndome en la oscuridad. Al doblar la esquina, vi a una persona acostada entre cartones. Sentí un cosquilleo subiéndome la espalda y puse la mirada fija en él.
• Saqué un cuchillo finamente afilado y me acerqué poco a poco al indigente. Me agaché cuchillo en mano y lo tomé del cuello. Una mano me tomó del mío. Intenté voltear pero no me dejaron. Sólo esa voz que me hizo recorrer un frío por todo el cuerpo, me dijo al oído: "Te estoy vigilando". Volteé y no vi nada.
• Guardé el cuchillo, me puse de pie y, entre el silencio de la noche, regresé corriendo a casa.