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SOBREVIVÍ

PARTE 1
De las que serán.
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¿Cómo iniciar una narración?
Podría decir: Los zapatos blancos no se usan con calcetines.
O: Mi hermano es doctor y trabajó en la Policía ministerial, gracias a eso he podido obtener trato VIP.
O quizá decir: cuida, hijo mío, ante todo, que te choquen en días hábiles.
¿A qué viene esto?
Fabián, un amigo del DF, vino a Oaxaca. Quedamos en vernos el sábado en la noche para llevarlo a conocer los lugares de “ambiente” de la “Provincia más arcaica del reino” (chiste local entre los amigos que ya fueron a ver ANÓNIMA).
Yo salí de ensayo. Resulta que ahora voy a ser actor. Salgo en una obra a estrenarse en marzo y hago múltiples papeles, entre ellos un tipo al que golpea el Quijote, un cura y un arriero. Sí, es una adaptación del Quijote que se va a restrenar con mi grupo de teatro de Oaxaca. Esos papeles los hacía Luis, pero como Luis se fue tras su señora a perseguir el sueño americano (Más tiran… ) y yo estoy ahora en Oaxaca, pues me toca ser su suplente.
Y voy a ser actor.
Algunos no lo saben, pero yo empecé en el teatro queriendo ser actor. Crisol me abrió sus puertas cuando en mis delirios yo esperaba estar parado arriba del escenario y quería entrar al CUT. Pero en el CUT me dieron aire y frustraron mis sueños actorales. Gracias a eso terminé escribiendo y encontré el sentido que parece tendré en esta vida.
Y soy feliz escribiendo. Y ahora, cuando soy feliz escribiendo, voy a ser actor.
Cosas de la vida.
Pasa cuando pasa.
Yo salía de ensayo y quedé en ver a Fabián en el centro tipo 9 PM.
Tomé la bici y me fui a casa a bañar, cambiarme y esperar a que mi papá llegara para llevarme el carro. Quedé en ver a Fabián afuera de Santo Domingo a las 10 PM.
Llegué y él estaba ahí con un amigo suyo que fue presentado con el nombre de Julio. Platicamos un rato y empezamos a organizar la tour.
ARRABAL. Fue la palabra clave.
Julio le propuso a Fabián conocer un lugar arrabal en Oaxaca. El mejor sinónimo de lugar arrabal es: La Costa. Pero son las 10:30 PM y es demasiado temprano para ir a La Costa. Deben estarla limpiando y los puchachos seguro ni han llegado. Cambio propuesta: Vamos primero a La Chinampa y después a La Costa. Llegamos a La Chinampa. La primera vez y única que había ido a La Chinampa me llevó un gringo. El lugar me sorprendió. Mesas de lámina de esas que dicen Carta blanca y tienen pintado un ajedrez. Sillas de lámina. Un local no ancho pero sí profundo con cartones de cerveza arrumbados en las paredes. Un baño al fondo que de puerta tenía un pedazo de madera atrancado y su lavabo era una vieja cubeta de pintura con una jicarita. Eso sí, la cerveza es muy barata. Pero ya no volví a ir en 4 años. Y ahora regreso. La Chinampa ha cambiado. Ya tiene piso, hay baño maso decente, nuevo mobiliario, iluminación. Siguen yendo los albañiles y areneros del río Atoyac, los gringos que disfrutan ese ambiente y las jotitas que llegan a ver qué ligan. Entramos y todos se nos quedaron viendo. Fuimos hasta el fondo, a sentarnos en la barra pues todas las mesas estaban ocupadas. En el camino, todos nos barrían. Llegamos y Fabián pidió cervezas para los tres. Yo no tomo. Llevo 10 meses jubilado del alcohol. Ni en pasteles o carnes. Bueno, no. En pasteles sí. Una vez. Pero estoy jubilado. Platicamos mientras comemos gente. Un gringo entachado. Anda besando a todos, acariciándolos y justo ahora se ha quitado la playera. Tiene buen cuerpo, aguanta un acostón. No, aguanta dos. Ha puesto sus ojos en Fabián. Viene hacia nosotros pero se ha dado cuenta que me burlo de ella. Antes hace una escala conmigo. Tú me ves que estoy una puta, me dice. ¿Perdón? Tú me ves como que estoy una puta. Estos extranjeros que confunden el ser con el estar. No, mana, no estás una puta, eres una puta. Cuidado porque yo me doy cuenta de todo, yo veo y sé que piensa la gente, me dice. Sólo le sonrío con mi ironía característica y la jota sigue su camino rumbo a Fabián. Resulta que es de Montreal y es licenciado. No es gringo, es canadiense. De la parte cachonda de Norteamérica ha según definición que él mismo ha dado de su tierra. Fabián es licenciado. La wera cree que tienen mucho en común y le ha dicho a Fabián que se lo quiere echar. Antes de irse se baja el pantalón y nos enseña las nalgas. Malditas drogas. A donde llevan a la gente. Intentó besar a Fabián así que le digo que se limpie la mejilla para quitarse el chancro. Seguimos bailando y echando desmadre, comiéndonos a la gente y ellos tomando. Como a las 12 decidimos emigrar. Podríamos hacer jotitour completo, pero ya quieren irse a La Costa. ¡Pelos! ¡Pelos! ¡Pelos! Partimos. Llegamos. Nos dan nuestra “cubeta con table” obligatoria en la entrada y listo. El de la entrada nos revisa y nos lo perreamos. Le pedimos que revise mejor y toque más. Entramos y nos dan mesa. El lugar, igual que siempre. Puchachos, show, trabas, teiboleras, música chafa, un tipo haciendo show de Juan Gabriel, otra que hizo de Yuri aunque con ese maquillaje y esa peluca rubia se parecía más a Erica Buenfil. Duranguense, norteño, reegueton (sigo sin saber cómo se escribe esa madre), pop, cumbia, tangas horrendas. Una teibolera echándose en el cuerpo hielos, leche, crema pastelera y cera. La aplaudimos de pie. Sí, uno es gay pero reconoce un buen show. Y mientras bailamos, el Fabián se liga a un chico. De pronto mi comadre ya anda fajoteando. Al rato ya lo sentó en la mesa. 3:00 AM Le recuerdo a Fabián que me debo ir temprano. Están unos tíos de Puebla y mis papás quedaron en pasar por ellos a las 7 AM para ir a misa y después a comer truchas en Cuachirindó, un pueblo en la Sierra a una hora y media de Oaxaca. Obvio que voy con ellos. Está de más aclarar que voy con ellos no por ir a misa. Fabián me dice que en cuanto nos queramos ir, nos vamos. ¿Y qué vas a hacer con tu ligue? No sé. Pues chécale. No es que yo ya me vaya, sólo te aviso con tiempo para que veas qué vas a hacer. Si te vas con él o como. No, yo vine con ustedes. Además creo que estamos lejos del hotel. Bueno, pues chécale y me dices. En cuanto te quieras ir, me dices y nos vamos, no hay problema. Y ahí seguimos en el desmadre, ellos tomando chela y yo con mi botella de agua mineral. El ligue de Fabián que se ha presentado como “Daniel” iba con otro amigo. El amigo ya se va y “Daniel” ha decidido quedarse con Fabián. Seguimos echando desmadre. Un privado reglamentario. Revivir viejos tiempos. A las 4 AM salimos del lugar. Fabián me pide que lo lleve a su hotel ¡Cabrón! ¡Estoy a 5 minutos de mi casa! Lo llevo. Subimos al carro. Julio, el amigo de Fabián sube de copiloto. Fabián se va atrás con su ligue “Daniel”. Vamos rumbo al centro por la calle que tras 25 años de ser oaxaqueño, me entero que se llama Reforma Agraria. Vamos a llegar al crucero con Av. Universidad. ¿Cómo me voy? Estas dos semanas me la he pasado andando en la bici para ir a ensayos. Salgo siempre por esa calle y subo sobre Av. Universidad para tomar periférico y entrar hacia el centro a la altura del Piticó. A mi papá le encanta tomar la ruta de Chedrahui, en lugar de tomar hacia el periférico, se sigue sobre Reforma Agraria. Vengo pensando la ruta posible. Vamos llegando al cruce con Av. Universidad. Estoy seguro de que debo irme hacia el Periférico pero no sé qué me da que me sigo derecho. Tengo verde en el semáforo. He decidido no dar vuelta y sigo derecho. Edipo decidió cerrar los ojos en la encrucijada, yo he decidido seguir derecho. Luz verde en el semáforo. De pronto, una luz al costado del carro. Apenas puedo voltear a verla. Un golpe. Duro. Seco. No cierro los ojos. Veo el carro que está girando. Sale mucho humo. Las bolsas de aire se dispararon. Yo me agarro fuerte al volante y me he quedado tieso, no dejo de acelerar. Sólo veo el carro girar y escucho a Julio que grita. Grita. Y sale humo. Otro golpe seco y el carro se detiene. Acá me doy cuenta que sigo acelerando porque el carro se queja. Aprieto el freno y en chinga apago el carro. Oigo a Julio que grita. “Daniel” se queja. Fabián está bien. Sigue saliendo humo y arde al respirarlo. Intento abrir la puerta pero no se puede. Tampoco puedo bajar la ventanilla. No puedo respirar bien. Le quito el cinturón de seguridad a Julio y le digo que abra su puerta. Abre y se baja. Atravieso el carro y salgo. Fabián tiene su puerta abierta. Voy bajando del carro y llega una camioneta con policías. Piden una ambulancia. Volteo a ver el otro carro y está hecho mierda. Es un Corsa. Una chica va bajando del carro y tose. ¡¿Cabrones, no saben ver un semáforo?! Les grito. Tú te pasaste el alto. Me dice la chica. ¡Yo tengo el verde, los semáforos están funcionando! Le grito. La chica se suelta a llorar y tose. Otro chico baja del carro y la consuela. Regreso al carro y un policía está levantando un machete del suelo. Es de mi papá, le digo, lo ocupa en el trabajo. Resulta que con el madrazo nos abrieron la cajuela y el machete de mi papá salió volando. El policía lo levanta y se lo queda. Yo checo el carro. El golpe fue en la puerta trasera. A quien le dieron de lleno fue a “Daniel”. Le marco a mi hermano para decirle que nos pegaron. No contesta. Marco a la casa. No contestan. Le marco a mi papá al cel. No contesta. Sigo marcando. La policía comienza a interrogarme. En qué estado vengo, qué pasó, cómo estoy. Hasta ahora no me duele nada, estoy más preocupado por los que vienen conmigo. “Daniel” sigue dentro del carro. Fue el que recibió el golpe. Fabián intenta atenderlo. La ambulancia llega. Llegó muy rápido. Bien. Ayudan a subir al conductor del otro carro y a la chica. Van por Daniel pero tienen que sacarlo. Está sangrando. ¿A dónde los llevamos? ¿A qué hospital? A urgencias del que esté más cerca, vamos a llamar al seguro para ver a qué hospital los trasladan en caso que sea necesario. La ambulancia se los va a llevar. Por fin mi papá contesta. Le digo lo que pasó y viene hacia acá. Alguien tiene que irse con Daniel. Busco a Julio y no lo encuentro. Voy con Fabián. Fabián, ¿y tu amigo? No sé, creo que se peló. ¿Cómo que se peló? ¿Cómo está? No sé, al rato le marco para ver. Alguien tiene que irse con “Daniel”. Fabián se va con él. Llega el de tránsito. Me pide mis papeles. Le doy los que encuentro. Me interroga. Le digo todo. Ya viene la grúa, me dice. Me siento y me empieza a dar frío. Saco de la cajuela una chamarra de mi papá. Ahí estamos esperando. Otra monita me interroga. Se estaciona otro carro y bajan dos chavos. Son familiares de los del otro carro. Me piden hablar para llegar a un acuerdo. Deja que llegue mi papá, les digo, él es el dueño del carro y el que tiene los papeles del seguro. Mi papá llega. El de tránsito dice que me van a llevar a Santa Rosa. Mi hermano me llama y le digo lo que pasó. Me dice que viene para acá. Llega la grúa y suben los carros. Los chavos se van a la Cruz Roja a ver a sus familiares, se llevan a mi papá para ver en qué estado está “Daniel” y ver si se pueden llevar a los heridos a Santa Rosa para que el juez los vea y esto no pase al MP o se va a armar un desmadrote. El de tránsito me sube a su patrulla. Tengo frío. Pero empiezo a sentir mucho calor en el cuello. Y me duele. La espalda se me entume un poco. Y ahí voy rumbo a Santa Rosa en la patrulla. Primera vez que llevo a alguien que no toma, me dice el de tránsito y seguimos. El cuello me duele y esto apenas empieza.

SOBREVIVO

Parte 2
De las que son.
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Vamos a hacer una escala antes, me dice el señor de tránsito. Pasamos por otro choque cerca de la Casa de la Cultura. Un taxista que se estampó contra un poste de luz. Levantamos al señor del taxi y seguimos rumbo a Santa Rosa.
El taxista acababa de empezar a trabajar, fue a dejar a un chavo ahí cerca y se durmió. Despertó para trabajar, no despertó bien y se durmió. Resultado: se estampó contra el poste de luz. No pudo darse a la fuga porque justo atrás de él venía una patrulla y al estamparse, la patrulla paró a auxiliarlo y a detenerlo.
Curioso, justo cuando me chocaron venía bajando una patrulla. Podría decir que las patrullas atraen los accidentes para tener trabajo pero mejor no. Gracias a que la patrulla venía, llamaron a la ambulancia y llegaron tan rápido.
Listo, levantamos al señor del taxi y nos vamos rumbo a Santa Rosa. El taxista me dice “carnalito” y me saluda. Pregunta qué me pasó y le cuento. Me habla como si estuviéramos hermanados por un mismo acto. Un choque. El de tránsito dice que es la primera vez que lleva en su patrulla a dos que chocaron sin tener en el cuerpo ni gota de alcohol. Sonríe.
En el camino mi hermano me llama. ¿Cómo estás? El cuello me empieza a doler y siento calor. Me duele el hombro y el costado. Me dice que va a ver si la doctora de tránsito tiene un collarín, pero que de preferencia, ahora que llegue a tránsito en Santa Rosa, finja un poco más de dolor para que me den rápido el collarín o busquen la manera de conseguirlo.
Llegamos a Santa Rosa. Están mi hermano y mi cuñada. Me saludan. Mi hermano me revisa. Conoce al de tránsito y se saludan.
Me mandan a ver a la doctora de tránsito. Mi hermano me recuerda que finja un poco más de dolor y que diga qué me duele y qué siento para que agilicen lo del collarín.
Despiertan a la doctora. La mujer apenas atina a preguntarme cosas y a escribir en la máquina. Yo me quejo del dolor. Me hace la prueba del alcoholímetro. Pone en su cosa que sugiere inmovilización de mi cuello pero no me pregunta nada ni me revisa. Nada de ¿dónde te duele?, o alguna revisadita. Sólo me hace la prueba del alcoholímetro y llena su hojita.
Salgo y justo va llegando la patrulla con los coches. No hay que ser muy listo para darse cuenta que se hicieron mierda. Sobre todo el Corsa que fue el que dio de frente. Con lo que me gusta el carro de mis papás. Mierda.
Le entrego a mi hermano todas mis cosas.
Me llevan a la oficina del de tránsito. Ya están ahí los del seguro del otro carro. Y de nuestra aseguradora ni sus luces.
Mi hermano llama de nuevo para que se apuren.
En el momento del choque no sentía dolor de nada, me preocupaba más por ver que los otros estuvieran bien. Pero ahora que ya estoy acá sentado, me está dando el bajón. No es que tenga ganas de acostarme, necesito acostarme. Me siento extremadamente cansado y los ojos me pesan., me duele el cuello y quiero un dulce. Pero acá no hay donde acostarse.
Es necesario que traigan a los heridos para que el juez los vea y esto no pase al MP, dice el de tránsito. Así se arregla todo más rápido. Al parecer no hay ninguno con heridas graves así que sí se los pueden traer.
Y ahí estamos esperando.
Mi hermano llama a mi papá para preguntar cómo están.
Llamo a Fabián y le digo que se ponga de acuerdo con mi papá.
Llamamos a los del seguro.
Seguimos esperando.
Al rato, una llamada al de tránsito.
Resulta que el conductor del otro carro tiene una fisura en la cabeza. Es considerado herida grave. Ergo: no va a venir y esto se va al MP.
Me llevan con la jueza. La despiertan. La jueza ni me mira, sólo pregunta unas cosas y llena una hoja en los espacios que la lagaña le permite ver.
Mi hermano insiste en el collarín.
Ni lo pelan.
Salimos de la jueza y el de tránsito me llevará a los separos de la Policía Ministerial.
Mi hermano llama a mi papá, al del seguro. Y yo voy en la patrulla rumbo al MP.
Como hay heridos en ambos carros, los dos conductores estamos detenidos, sólo que como el otro se quejó antes, él está detenido en el hospital y yo voy rumbo al MP. Bonita la cosa.
El cuello cada vez presenta mayor dolor. Lo mismo la espalda y los hombros.
Llegamos al MP.
Me llevan a que llenen una hoja más con mi nombre. Llega mi hermano. Él es doctor y trabajó justo acá en el MP. Los polis lo conocen, se saludan. Doc, Doc, Doc, le dicen todos.
Van a meterme a los separos. Un cuartito feo con maya de gallinero donde hay varios monitos metidos. Me hacen una revisión. Me van a meter al separo y mi hermano habla con el de la puerta. Se llevan bien y le pide que no me meta, que me tenga fuera porque traigo una lesión en el cuello y necesitan ponerme collarín. El “puerta” lo manda a hablar con el capitán y el capitán dice que sí, que no hay problema.
No me meten a los separos. Mi hermano trabajó como doctor en la Policía Ministerial y gracias a eso he podido obtener trato VIP. Me dejan sentado afuera de los separos en una banca. Los que están dentro de los separos me miran. Son las 6 AM y hace mucho frío.
Empiezo a cerrar los ojos, me siento muy cansado, adolorido y con frío.
Regla de la moda: los zapatos blancos no se usan con calcetines. Y yo traigo zapatos blancos tipo alpargatas que en realidad son tenis. Zapatillas les llaman en Argentina donde los compré. Y no traigo calcetines. Y tengo frío. Maldito glamour.
Al menos no estoy ahí adentro en los separos. Los chavos y señores que están ahí sacan sus botellas llenas de orines para llevarlas al baño. Los hacen barrer el lugar y parte de las instalaciones. Y los polis son culerones con ellos. Pero conmigo, los polis se portan bien, soy hermano de “el doc”.
Bendito sea el carisma con que Dios bendijo a mi familia.
Amanece.
Mi hermano me lleva un par de churros con un vaso de champurrado caliente. Dicen que la gloria está en el cielo, para mí está en este vaso de champurrado. Mi cuerpo se reactiva. El frío pasa por un momento pero el dolor sigue.
A mi hermano se le cae un churro y lo va a tirar pero uno de los tipos de los separos se lo pide. Me dan ganas de darle un poco de champurrado a los vatillos que están ahí metidos pero me debato entre terminarlo yo o ser compartido. En pleno debate estoy cuando ya me terminé el vaso de champurrado. Seguramente me va a dar remordimiento pero es mayor mi dolor de cuello así que ni tiempo me da.
Llega mi papá.
Mi hermano anda buscando un collarín. Se va. Al rato regresa Trae algodón y unas vendas. Arma un collarín con eso y me lo pone.
Al rato llega mi tía Rebe con los tíos de Puebla.
Me encanta mi familia.
Y ahí estoy yo sentadito pero no doy más. No aguanto y me acuesto en la banca.
Me duermo un poco pero despierto cada tanto entre el dolor y voces que voy escuchando. Voces no de mis paranoias naturales, voces de los policías y de los detenidos.
Al rato, el poli de la puerta me dice que me siente. Van a hacer el cambio de turnos. Los polis van llegando, pasan lista a los detenidos. Le dicen a la nueva ronda que yo voy a estar afuera, que estoy lastimado y soy hermano de “el doc”. Ahí me dejan y me preguntan qué me pasó.
Al rato llega la monita del seguro a tomarme mi declaración. Me comenta un poco cómo están las cosas y lo que van a hacer.
Se va.
El sol está saliendo.
Conforme pasa la mañana, el sol aumenta. Y quema.
Abandono la banquita y me siento debajo de una escalera frente a los separos.
Los vatillos de adentro me preguntan qué me pasó.
¿Y el que te chocó? Está detenido en el Hospital. Al menos tú estás acá, luego así en los accidentes les tienen que cortar las patas o se rompen toda la madre. Pues sí.
Sigue pasando la mañana.
Los que están dentro del separo son pura raza. Se conocen entre casi todos y ya son clientes del lugar. Algunos están por robo, otros por borrachos, otros por pelearse en la vía pública, otros porque iban caminando y los agarraron sin saber porqué.
Al rato llega el Lic. del seguro. Dice que ya están arreglando todo. Que se va a llegar a un acuerdo entre aseguradoras. Que necesitan que un doctor de la Procuraduría venga a checarme para que me manden a hacer estudios y vean si estoy bien.
A “Daniel” se lo llevaron a la Clínica 2002. Pero… no se llama Daniel. Ése es su nombre artístico. En realidad se llama Isaías.
Pinche vicio de las jotas de andarse cambiando el nombre para darse caché o hacerse las interesantes.
Al parecer está bien, no está tan jodido, sólo que está borracho y no ha podido declarar. Dice que no recuerda nada, que no recuerda de dónde viene ni quién es Fabián ni quién soy yo. Habrá que esperar a que se le baje la borrachera para que declare.
Dice el Lic. que, por donde nos pegaron, el pase lo teníamos nosotros ya que nos pegaron en la puerta de atrás. Que ya habrá que ver cómo se soluciona todo. Que sólo falta que el médico de la Procu vaya a checarme para que me manden a hacer análisis. Que de acá del MP me van a llevar a la Procu, pero que si el médico dice que son necesarios los análisis, en lugar de llevarme a la Procu me llevan al hospital, en eso se terminan los trámites legales y ya me llevan a mi casa y me evito ir a la Procu.
Se va prometiendo agilizar los trámites y esto en la tarde ya esté resuelto.
Mi papá me lleva algo de desayunar pero no tengo hambre. El carro fue pérdida total. Aunque nos pegaron de costado y el golpe madreó las puertas del lado izquierdo y la cajuela, por el golpe, el carro se hizo en forma de U. Mierda, con lo que me gustaba ese carro. Mi papá me dice que esté tranquilo, que las cosas materiales como sea van y vienen, que no me preocupe.
Y la verdad es que no estoy preocupado. No tengo remordimientos de nada. Si yo hubiera venido borracho, echando desmadre, me hubiera pasado el alto o pensara que manejar sólo consiste en acelerar y llevar el carro mas o menos derecho, órale, va, que me vengan las preocupaciones que me quieran venir. Mi único pedo fue confiarme en tener semáforo en verde y en lugar de pararme un poco a ver si venía algún carro, pensar en cuál ruta iba a seguir.
Platico un poco más con mi papá y se va a seguir con los trámites.
Mi hermano me lleva una botella de agua. La comparto con los que están dentro.
El día sigue.
Llega mi primo Neto. Al rato mi tía Judy. Mi tía Rebe anda llevando a mi papá a ver lo del seguro. Mi hermano está allá al fondo durmiendo un poco con Karla. Se fueron un rato a darle de comer a sus perras y ya regresaron.
El collarín que me hizo mi hermano empiezo a no soportarlo. Me da demasiado calor. Pero prefiero tener calor en el cuello a tener dolor. Por momentos el dolor se va pero regresa, siempre regresa.
Y ahí sigo.
Sentado frente a los separos.
Viendo a los que liberan y a los que meten.
Sorprendiéndome con esta banda. Nunca me pasó por la mente que alguna vez pasaría por una situación como está, pero la vida me sorprende todo el tiempo. Esta es la segunda experiencia por la que jamás hubiera esperado pasar, pero bueno, así son las cosas.
Así pasa cuando pasa.
Por lo pronto esperemos.
Esperemos.
A mediodía traen a “la morena”. Una señora jubilada del oficio más antiguo. No es vieja, aún puede dar bastante batalla pero ya se ha retirado. Sus años en el oficio le han permitido conocer a varios policías y conoce a casi toda la banda que está en los separos.
Por ser mujer, no la encierran con los demás sino que la dejan afuera conmigo. Zona VIP comprende mujeres y el hermano de “el doc”.
Toda esta banda se conoce. La morena les pregunta por sus mamás, por sus tías, por algún amigo mutuo. Ésta en verdad que sí es una banda.
¿Por qué te trajeron, morena?
Por una pinche escuincla que dice que la golpié, pero está bien pendeja, ni le hice nada. Es que esa pinche chamaca le robó a un señor y se escondió, tons, ora verás, yo le dije al señor donde se había escondido y la agarraron. Es que esa pinche chamaca se lleva mucho con la Rocío, yo ya la había visto. Pero la escuincla ya se había puesto de acuerdo con el pinche policía, ya le había dado su mordida, pues. Y ese pinche policía ya me traía ganas desde que yo chambiaba. Y que se agarra desta. Tons que aconseja a la pinche chamaca que dijera que yo la golpié y que me agarran. Pero ni la toqué, manito. No trae nada, ni marcas ni moretones ni nada. Ya la revisó el doctor, capaz que le dijeron que ponga de más. Oiga, doc, ¿verdad que no le puso de más a la chamaca? Ni tiene marcas. Si yo tengo las uñas largas pero sé pegar, yo no pego con las manos abiertas porque araño, si ya sé, pues. Y todo por metiche, pues, quién me manda a decir dónde se escondió la chamaca. Pero ni la toqué, de veras. Pero deja que yo salga, porque voy a salir, y ora sí me la madreo bien. Por que no hice nada, pues, ora hubiera echo, de pendeja me quedo ahí parada, pues me pelo. Pero no hice nada, manito. Tantas cosas que he hecho y por esta mamada me trajeron. Ora tengo sed. Oyes, poli, traime un refresco, ¿no? Anda, ¿no? No seas culero, poli, traime un chesco, te doy dinero, no me lo vas a pagar tú. ¿No? Haces feo pinche poli, anda, moreno, no seas culero, traime un chesco, es que tengo sed. Pero esa pinche chamaca ni la toqué. Pero deja que salga y sí le parto su madre, a ella y a ese pinche policía, por culero. Ya le hablé a mi marido, ya le dije que me trajeron para acá, dice que no me preocupe, que de todos modos voy a salir y ahí vemos. Pinche poli, traime un chesco. ¿Y tú por qué estás acá? ¿Y te duele mucho? Pero estás completo, manito. Oyes, tú, el de verde, ¿verdad que chambeas en la central, tú? ¿Y qué ya vas a salir? Oyes, no seas malo, orita que salgas vas con Gloria o con Rocío y les dices que estoy acá, que me traigan mi pantalón, ¿no? Que de parte de Martha. Anda, ¿no? Sí, con Gloria o Rocío. No, manito, no voy a salir, ya me procesaron. En serio, ya me procesaron. Pues esa pinche chamaca. Sí, también está acá, pero está ahí de la doctora. Pero no tiene nada, sólo se está haciendo pendeja. En serio que no la golpié, si la hubiera golpiado ni estaría acá. De pendeja le pego y me quedo ahí parada. Pero la de malas, pues. Pero vas, ¿no? Que me traigan mi pantalón. Oyes poli, no seas culero, traime un chesco, me estoy muriendo de hambre y de sed, Pinche poli, haces feo. ¿Cómo? En serio, ya estoy procesada, pero no hay pedo. Ahorita me llevan a la procu y ahí sí nos vemos las caras. Ahí trabaja mi hermana y no hay tanto pedo, pues. Ora ni me han llevado a declarar ni nada, nomás me procesaron. Pero por ese pinche policía, pero ya lo conozco, ya sé por dónde anda. Deja que salga. ¿Cuál? No, mi hija esa ya se casó. Se fue pal norte con el marido. Pues sí, ya se casó que ande con su marido, ¿no? Uno ya las crió, ora que se hagan bolas. A ver cuánto duran allá. No, esa es la morena, es la más grande. Mi hija la chica ésa sigue conmigo. Es una wera altota, está bien chula, está en la secundaria pero está bien altota. Esa sigue conmigo. No, ya me cambié, ora vivo allá por la terminal del autobús. Es que mi papá murió y nos dejó su casa. Yo no me quería ir para allá porque era la casa de mi papá, pues, yo creí que me lo iba a recordar mucho pero mi marido dijo que nos fuéramos. Y está bien, ya estamos más tranquilos. Ya por eso dejé de trabajar. Ora nomás estoy en mi casa, a ver cuanto aguanto.
Y ahí sigo yo maravillado con “la morena”.
Y las familias vienen a visitar a sus reos. Las reacciones son diversas.
Así te quería ver, hijo de la chingada (le dice una madre a su hijo), ¿dónde andabas? ¿A qué hora quedaste en llegar? Yo preocupada y tú ve dónde andas. ¿Cuánto robaste? Acá déjenlo, que se quede, ya es mayor de edad, que se haga responsable.
La señora embarazada que va a ver a su marido con un niño pequeño en brazos.
La señora con hijos que va a ver a su hermano y los niños se despiden diciendo: adiós, tío y le mandan saludos con la mano.
La señora que va a llevarle de comer a su hijo que está más curado que ciruelas en alcohol.
Las que llevan agua, comida, etc.
El desfile de familias a lo largo del día.
Allá al fondo está la mía, esperando que el licenciado termine ya los trámites.
Como a las 4 PM llega el doctor de la Procu. Mi hermano va a verme antes y me avisa que ya llegó. Me dice que me queje de más, que le diga que me duele mucho el cuello, que no lo puedo mover, que estoy mareado, que me duelen los ojos, que me duele la espalda, que me duelen los hombros, que siento pequeños calambres en los brazos, en el cuello y en la espalda. Que si el doctor me pregunta la fecha, le diga que no sé qué fecha es. Mucho problema no es, nunca sé qué fecha es. Que le diga que me tomé una pastilla de keterolaco y es todo.
A ver… mi hermano quiere que no me sepa la fecha pero pretende que recuerde el nombre de una pastilla…
Así son los hermanos.
El doctor llega y me revisa. Yo me aplico en mi actoralidad haciendo honor a que hoy se entregan los Oscar. A ver si sirvieron de algo las horas pasadas en taller con Crisol, mis exámenes de admisión al CUT, mis horas en la UNAM con Fidel Monroy, mi experiencia como actor en Argentina y mi reciente taller con Ita.
No es necesario fingir tanto, la verdad es que el cuello cada vez duele más, siento los pies un poco dormidos y me duelen los hombros y el costado. Me duele la cabeza y como ya antes había estado lesionado de las cervicales, no sé si la herida dijo: ésta es la mía y salgo de nuevo.
El doctor me revisa, yo me aplico. El doctor apunta en su receta que necesito me hagan exámenes y se va.
Al rato mi hermano me lleva un collarín duro. Me quita el armado al toque y me pone éste. Me queda chico pero no está tan caliente y detiene mejor que el otro.
Llega mi mamá y me lleva de comer. Le noto en la cara una mezcla de preocupación, ganas de llorar por verme ahí, ganas de regañarme, ganas de sacarme de ahí, ganas de que me lleven al hospital. Platicamos y me da lo que llevó de comer. Arroz con pollo y agua de fresa. Como un poco y le comparto a la morena. Ella agradece y come.
Y ahí seguimos.
Termino de comer y le doy las cosas a mi mamá.
Ella se va.
Me duele el cuello y decido acostarme un rato.
Arriba, el cielo azul, alguna que otra nube pasa de repente y empiezo a dormitar.
Llegan unos polis llevando a tres tipos. No son polis normales, no sé de dónde sean, van con ropa camuflada pero no son militares propiamente. En lo que entregan a los detenidos los van golpeando y se ríen de ellos.
Quítate el uniforme y ven acá tú solo a ver si tan salsa, le gritan los detenidos en los separos. Estos polis que llegaron se ríen y siguen golpeando a los detenidos mientras se burlan. Los de los separos les gritan. Yo sólo veo y me dan ganas de tener una cámara para registrar lo que pasa.
Te vamos a echar a los de derechos humanos. Les dicen los de los separos. Me paso por los huevos a los de derechos humanos, contesta un policía y golpea de nuevo a un detenido. Los polis ríen.
Meten a los detenidos.
Me acuesto y sigo viendo el cielo azul, las nubes. Contraste a las bestias camufladas que tuve que padecer hace un momento.
Empiezo a dormitar.
Al rato, llega un poli y me dice: si te llega el olor, pásate a la banca.
¿El olor? ¿Qué olor? Acá debajo de mí hay una pichancha de la que salen de excursión las cucarachas a cada rato y hay un olor a mierda que no se aguanta, pero llegué acá a las 6 AM, son las 5 PM y el olor ya es lo de menos, ya me acostumbré.
El olor… el olor me llega. A los que están dentro del separo les echaron gas pimienta. Me empieza a picar la nariz, los ojos. Me levanto y me paso a la banca. La morena también sale corriendo. Los que están dentro del separo se agarran a la maya de gallinero mientras tosen y los ojos les lloran.
Para que sigan echando desmadre, les dice un policía y se va.
El gas continúa, los de adentro tosen, yo giro el cuerpo para respirar el aire que va llegando. La morena casi vomita y se va al baño.
Yo me quedo sentado en la banca y la tarde sigue pasando.
6 PM.
7 PM.
Empiezo a desesperarme. Ya me quiero ir. Si lo que se necesitaba era que viniera el doctor para que me llevaran a hacer análisis… el doctor vino hace mucho y yo sigo acá sentado. Mi hermano me dice que tenga paciencia. Ellos están allá al fondo. Alcanzo a ver a mi mamá, mi tía Judy, mi hermano y mi cuñada.
Sigo sentado.
Dice un poli que todo este desmadre es porque el accidente fue en domingo, que entre semana todo es sólo un poco más rápido. Pues bueno, para la otra pediré que no me choquen en domingo.
Por eso, he acá un consejo: cuida, hijo mío, ante todo, que te choquen en días hábiles.
Como si fuera posible. Cuando te toca, te toca.
Pasa cuando pasa.
La noche ya está presente.
Inicia Noche de estrellas.
Yuri y Lupita D´Alessio en entrevista.
Ya no sé qué hora es, desde donde estoy sentado no se alcanza a ver el reloj.
Llega la ambulancia de la aseguradora. Bajan la camilla. El chico me pregunta cómo estoy. Me ayuda ponerme de pie y me ayuda a subir a la camilla.
Están por sacarme del MP.
Veo la luz al final del túnel.
Respiro aliviado.
Y ahí está. La pura mala onda.
Llega un poli y dice que no me pueden sacar, que a dónde me llevan. Se le explica que a hacerme análisis porque estoy lastimado. Dice que ellos sólo me están custodiando pero que yo soy un detenido de tránsito, que para poder salir debe ir alguien de tránsito a sacarme o mandar un acta.
Y vuelve la mula al trigo.
No me pueden sacar.
De tránsito no hay nadie.
El de la ambulancia ya se quiere ir.
El del seguro no contesta su celular.
Mi hermano se va con mi tía a tránsito a pedir que vaya alguien o manden la dichosa acta.
Mi papá convence al de la ambulancia que espere.
El poli sigue ahí custodiándome.
Llegan por la morena para llevársela a la Procu. Pasa junto a mí y se despide, me desea buena suerte. Le deseo lo mismo y le sonrío.
Lupita D´Alessio canta en Noche de estrellas. Los polis la miran y comentan lo gorda que está.
Yo miro el cielo estrellado desde la camilla.
El tiempo pasa.
Y no te puedo olvidar.
Por fin llegan los de tránsito. Que ellos estaban esperando hace horas que los del seguro los llamaran para ir por mí. Quiero hablar mal de los del seguro pero ya, ya estuvo, al menos ya me van a sacar de acá.
Mi hermano dice que me queje, no que me ría. Pero cuando a mí me duele algo, me río, no me quejo. Cambiaré la estrategia y me quejaré. Me van sacando en la camilla. Subimos por una rampa con harto topecito. Mi cabeza va rebotando en la camilla. Aprovecho para quejarme. Los polis de tránsito, los ministeriales y el de la ambulancia se preocupan, me dicen que aguante. Parece que soy convincente.
Por fin me suben a la camilla.
Mi papá va conmigo.
Intento ir adivinando el recorrido que vamos haciendo. En qué parte de Oaxaca estoy en este momento.
La ambulancia se detiene. Va en reversa. Hemos llegado a la clínica.
Me bajan para llevarme a hacer placas.
La doctora encargada me recibe, dice que me están esperando desde las 6 PM.
Me manda a hacer placas.
Yo me sigo quejando, de esto depende todo. Si dicen que estoy bien, me sacan de acá y me llevan de nuevo a los separos. Necesito ser convincente.
“Daniel”-Isaías está en este mismo hospital. Está bien pero dice no acordarse de nada. Sea porque estaba borracho o sea porque estaban ahí sus hermanos y es closetera, ni modo de decir: es que iba yo hacia el Hotel de mi ligue de la noche a encamarme cuando un pendejo nos chocó al pasarse el alto.
Ya esperaremos a que declare.
Fabián ya declaró y está bien.
De Julio no sé nada.
De los del otro carro parece que están bien.
Ambos conductores estamos detenidos.
Me llevan a sacarme placas. Yo me quejo.
Y no sé si de tanto quejarme yo mismo ya me convencí o en verdad me está doliendo todo.
Me sacan las placas.
La doctora dice que me van a internar.
Respiro aliviado.
Me suben al cuarto.
Cuarto 202.
Entro y me piden que me quite la ropa y me ponga esa batita tan mona que dan en los hospitales con un escote en espalda y trasero más pronunciado que el de Jessica Rabbit. Color verde.
Me cambio.
Mis papás ahí están, también mi hermano, mi cuñada y la tía Judy.
Me ayudan a acostarme.
Me ponen suero en mi venita.
Medicamento.
Mi familia se despide, van a casa a descansar. Después de todas las carreras del día.
GRACIAS.
Yo afuera tengo a mis guardias cuidando de mí.
Las paredes del hospital son verde pistache con blanco.
Los hospitales enferman.
Pero nada como estar acá detenido en lugar de estar sentado afuera del separo, con la pura banda, viendo a las cucarachas salir de las pichinchas y a los polis golpeando detenidos.
El collarín duro me molesta demasiado.
Pero bueno, nada que no pueda soportarse.
Mañana, mañana veremos…

SOBREVIVIRÉ

Parte 3
De las que fueron. .
.
Pasé la noche en el Hospital. El collarín duro me lastimaba, me ahogaba y no me dejaba dormir. El cuello me dolía pero… prefiero dormir adolorido que dormir sofocado. Me quité el collarín y a dormir. Apenas puse la cabeza en la almohada… chau.
Amanece.
No despierto.
Va pasando la mañana. Entra una enfermera y me saluda. Alcanzo a verla por la ranura que hacen mis ojos. No despierto, apenas y la veo. Me hace preguntas que alcanzo a contestar como puedo. Una de ellas es ¿por qué me quité el collarín? No podía dormir. Checa mi suero y se va. Cierro los ojos.
Un tiempo.
Entra mi primo Neto. Despierto.
Me pongo el collarín de nuevo. Platico con mi primo un poco. Las palabras se me salen en mi estado adormilado, apenas y logran formar cadenas de sentido. Tengo hambre. Ayer sólo comí los churros con champurrado en la mañana y el poco de arroz en la tarde. Y ahora tengo hambre. En verdad que tengo hambre.
Recuerdo a “la morena”: oyes, poli, traime un chesco, ¿no? Es que tengo sed y tengo hambre.
Sonrío.
Platico con mi primo. Estoy pensando que tengo hambre.
Entra una enfermera llevando la charola con el desayuno. ¡El poder de la mente! La enfermera coloca la charola en la mesita y se retira. Entra un enfermero y me ayuda a subir la cama para poder comer. Mi primo quiere comprar una cama de estas. Me ayudan a colocar la mesa frente a mí para comer. Neto tiene cosas que hacer, se despide y se va. Al rato pasará de nuevo. Me dispongo a despachar el desayuno. Gelatina, atole de arroz, un pan tostado y puré de papaya.
Me enferma. Esto no es comida. Los hospitales enferman.
Te quieren tener adentro el mayor tiempo posible para que pagues más. Esto no es comida. Enferma.
Pero bueno, como la teta de la abuela: no nutre pero consuela. Apenas estoy empezando a quejarme por la comida cuando me doy cuenta que ya me la acabé.
No aguantó ni para la queja. Pero milagrosamente me siento satisfecho. Bueno, algo es algo.
Me recuesto un poco.
Enciendo la TV.
Hago zapping.
Nada que ver. Lo de siempre. Ya lo vi.
Dr. House. Me encanta Dr. House. ¡Quiero que me atienda Gregory House! Dos capítulos al hilo.
Cambio.
E.R. El doctor Romano pierde el brazo. Antes de Dr. House, E.R. era mi serie favorita de doctores. Me envició en ella mi primo el Neto. Pero apareció en la pantalla Dr. House. Lo conocí en Argentina cuando estaba en cuarentena por Hepatitis. No podía salir de casa y sólo me quedaba viendo la TV y conocí al Dr. House. Ese día conocí el amor.
JAAAAAAAAAAAAAAA!
Llegan mi mamá y mi hermana. Mi hermana vive en el DF, apenas se enteró que el más pequeño de sus hermanos se había accidentado, tomó un bus a Oaxaca.
¡Eso es amor, no chingaderas!
Platicamos un poco. Sale mi hermana, se queda mi mamá. Entra el doctor encargado del piso a verme. Me revisa, me pregunta.
Resulta que el doctor conoce a mi madre. Ella fue maestra de la hija del doctor. Platican mientras el doctor ve mis placas. Todo está bien. Me manda a hacer una tomografía para descartar cualquier cosa.
Dado que mi mamá fue maestra de la hija del doctor, él dice que me van a tener hospitalizado hasta que el problema legal se arregle. Si en este momento me dieran de alta, como aún estoy detenido, me regresan a los separos del M.P.
Horror.
El doctor promete tenerme ahí hospitalizado. Mi madre le agradece, pero yo le agradezco más todavía.
La ventaja de las relaciones, dice mi tía Rebe. Trato VIP en los separos, hospitalización hasta arreglo de problemas legales. El doctor se despide. Entra la enfermera con una silla de ruedas. Me lleva a hacerme la tomografía. El cuello aún me duele, ya no tanto como ayer pero molesta. Me ayuda a levantarme y sentarme en la silla de ruedas. No estoy tan jodido como para no poder hacer eso pero me dejo querer.
La verdad es que da pena bajar en silla de ruedas mientras la enfermera me lleva, pero más pena da bajar con esta bata horrible color verde pistache con abertura en la espalda.
Llegamos.
Bajo de la silla de ruedas.
Me acuestan en el aparato aquél.
Me introducen en la máquina.
Me toman mis cosos.
Me sacan de la máquina.
Me suben a la silla de ruedas.
Me regresan a mi cuarto.
Me ayudan a subir a la cama.
Me acuestan.
Cambian el collarín duro por uno blando.
La enfermera se va.
Mi mamá sigue un rato y se va a ayudar a mi papá y a mi hermana con los papeles del seguro y demás cosas.
Cambio de guardias.
Mis custodios nuevos van a verme. Checan la ventana para ver si no puedo escapar por ella. Me burlo por dentro.
Llegan de visita mi tía Rebe con los tíos de Puebla. Platicamos un momento.
Se van.
Al rato va a verme mi tío César. Platicamos un momento.
Se va.
Sigo acá acostado. Me empieza a doler la espalda. Me cansa ver la TV. No tengo nada para leer. No tengo a Sophía para escribir. Duermo, despierto, veo la TV.
Me cansa.
Pienso un poco en lo que estoy escribiendo ahora, cómo resolver ciertas cosas de mis textos. Pero sólo le doy vuelta a las ideas en la cabeza, no tengo donde apuntarlas. De vez en vez entran los enfermeros a checar mi venoclisis y a ponerle el medicamento correspondiente. Pienso un poco. La ociosidad es la madre de todos los vicios.
Y pienso un poco.
Si la de malas hubiera sido y Sn. Pedro me hubiera llamado en ese momento, seguramente ahora no estaría narrando esto, mis padres no andarían viendo lo del seguro sino lo de la funeraria, en casa andarían como locos viendo lo de los tamales, el chocolate y el pan para darle a las visitas. Estarían haciendo llamadas para avisar a la familia y a mis amigos. Es muy ocioso pensar todo esto pero yo soy ocioso. Y debo confesar que a pesar de mi morbo, me da cierto miedo pensarlo. Pero… si Sn. Pedro me hubiera requerido en ese momento: ¿alguien me lloraría?
Apenas tengo 25 años pero, ¿han sido 25 años que han valido la pena? Definitivamente he hecho muchas cosas en este tiempo. He conocido a mucha gente a la que quiero, he desperdiciado mucho tiempo pero también he vivido y aprendido. Tengo amigos a los que quiero y que estoy seguro que me quieren. Parezco pavo real sacando las plumas, pero creo que sí habría por ahí un par que me lloraría. Aún me quedan muchas cosas por hacer pero creo que hasta ahora mi vida ha valido la pena. Al menos para mí. ¿Y si no para mí, para quién?
Y cierto es que me quedan aún muchas cosas por hacer. En lo inmediato y a largo plazo. Así que dejo mis pensamientos tanatológicos (de tanates) y enciendo la TV.
Animal planet. Documentales Estelares.
Es increíble la cantidad de animales que hay en el mundo y todos andan filmando a los de África. Tantas y tantas horas de filmación dedicadas a los leones, las hienas, los leopardos, los chitas, los ñúes, las cebras, las jirafas, los elefantes, las gacelas, los cocodrilos, los hipopótamos… y todos esos ya salieron en El Rey león pero los siguen filmando. Algún día alguien filmará a los zorrillos del cerro de atrás de mi casa y hará un documental sobre ellos. Ése día se entenderá en verdad la naturaleza.
Sigo viendo el animal Planet.
Discovery Chanel.
Lemur Street.
El reino del suricato. Me encanta el clan bigotes, con más problemas que las historias de Silvia Pinal.
Tengo hambre.
Llega mi primo Neto. Platicamos un rato.
Tengo hambre.
La enfermera entra con la comida. ¡El poder de la mente! Eso o mi primo atrae la comida.
En la mañana tenía hambre, él llegó y trajeron el desayuno. Ahora tengo hambre, él vino y trajeron la comida. Voy a decirle que venga en la noche para la cena. Como y sigo platicando con mi primo. Caldo de pollo con verduras, agua de limón, arroz blanco y gelatina. Todo en presentación mini. Apenas me da tiempo de describirlo cuando ya me lo terminé.
Un rato.
Mi primo se duerme.
Sigo viendo la TV.
Hueva.
Pero estar acá o estar en los separos…
Mi primo despierta y se va.
Al rato llega Fabiola.
Después llega Leila. Mis mujeres van a verme. Platicamos, les empiezo a contar cómo estuvo el madrazo. Echamos desmadre un rato.
Llega mi tío César. La flaca y la wera se despiden, tienen que ir a ensayo.
Mi tío me lleva unas galletitas, según para darle a quien me vaya a visitar, pero estamos platicando cuando me doy cuenta que ya casi me las termino.
Llega mi tía Judy. Seguimos platicando un poco. La tía Judy se va. Mi tío César se despide, le pido que avise a mis custodios que voy a bañarme, no vayan a pensar que me di a la fuga.
Entro a bañarme, jalo mi tubo con el suero. Me las arreglo como puedo. La tripita del suero comienza a llenarse de sangre. Ya al rato entrará de nuevo en mi cuerpo, supongo.
Salgo de bañarme.
Me acuesto.
Llegan Paola y Jorge, platicamos un poco. A mi custodio se le ocurre entrar a verme. Se pone a platicar con nosotros. Nos habla de sus cosas y enseña fotos de su cuerno de chivo. Tenemos que escuchar a mi Kevin Costner región 4 en lugar de platicar entre Paola, Jorge y yo. Pero ante todo, ser amable. Paola y Jorde se despiden. El custodio sigue en el chisme.
Llegan mis papás con los abogados del seguro. Me llevan unos papeles a firmar. Leo lo que dicen. Resulta que…
Hicieron el peritaje y me han dado como culpable. A ver… supuestamente que en los accidentes de crucero siempre es difícil decir quién tuvo la culpa, entonces, como los otros venían sobre la avenida principal, les han dado la preferencia.
Ok.
Estoy completamente de acuerdo en que las avenidas tienen la preferencia, pero… pequeño detalle: los semáforos estaban funcionando. Si estuvieran sólo en preventivas, vale, ni pío digo, pero yo tenía el verde y ya casi había pasado la calle. ¿Y cómo saber que los semáforos estaban funcionando? ¡Pues vayan a las 4 AM a ver!
Total que llegaron a un acuerdo entre aseguradoras, cada quien paga sus daños automotrices, jurídicos y hospitalarios. Los del otro carro me firman un acta de perdón donde me liberan de culpas y listo, pero yo quedo como el culpable del choque. La neta es que me molesta. Tanto me ha costado manejar como señora para que ahora me pongan de culpable. Resulta que querer ser un buen conductor sirve para un carajo. Ahora bien, puedo ponerme al tiro y decir que ni madres, que la culpa la tuvieron ellos y subirme en mi mula y decir que la tuvieron ellos y que no estoy de acuerdo. ¿Esto a qué conduce? A que se tenga que hacer el peritaje de nuevo, el proceso se alargue indefinidamente y mientras las cosas no se aclaren, seguiré detenido. ¿Entonces? Firmar y aceptar las cosas como las han decidido, decir que yo tuve la culpa, que los del otro carro me perdonan, llevan los papeles a la Procu, se cierra el caso, me liberan y me dan de alta o… me pongo heavy, exijo que hagan bien su peritaje, esto se alarga, nos vamos a juicio, sigo detenido, me dan de alta y me llevan a los separos, a ver hasta cuando se soluciona y seguimos en este desmadre un rato más…
¿Firmar significa venderme? No sé, por lo pronto ya firmé.
Los licenciados se llevan los papeles y dicen que en un rato más me liberan. Que dudan que tenga que pasar la noche en el hospital.
Olvidaba un dato. Mi hermano llevó a “Daniel”- Isaías a declarar. Resulta que el tipo insiste en no recordar nada.
Uno: estaba muy borracho y en serio no se acuerda. Lo que pongo en tela de juicio porque tan pedo no estaba cuando se levantó al Fabián.
Dos: El golpe sí lo dejó mal y tiene algún trauma por ahí. Que puede ser viable dado que en sí, el madrazo se lo llevó él casi de lleno.
Tres: Es closetera y no quiere confesar. Lo que me parece más viable.
Malditos tehuanos.
¿Qué con los tehuanos?
Pues que “Daniel”-Isaías es tehuano, estaba de visita en la ciudad cuando se levantó al Fabián y por caliente terminó hospitalizado. Ahora resulta que no se acuerda de nada. Mira tú, cha papá.
Pero bueno, ya hizo su declaración. Ya me liberó de culpas y ya se fue a su casa. A él lo dieron de alta en la tarde mientras que yo sigo acá.
Los licenciados se van. Mi papá se va con ellos para llevarlos a la Procu y terminar de ver los trámites. Mi mamá y mi hermana se quedan conmigo. Platicamos un poco. Mi hermana regresa al rato al DF, mañana va a trabajar. Faltó hoy por venir a verme y a ayudar a mis viejos con los trámites.
GRACIAS, carnala.
Al rato llega mi viejo para llevar a mi hermana al ADO.
Resulta que no sacaron el acta de liberación y tendré que pasar una noche más en el hospital. Me despido de mi hermana, de mis papás, de mi hermano. Lo peor de haber sido criado en una familia con un sentido del humor “algo” sarcástico es que tendré que padecer por un buen rato las burlas de mis hermanos. Ni modo, aquí nos tocó vivir.
Se van a descansar.
Los miro partir agradecido.
Yo sigo en el hospital con mis guaruras que ya quieren irse a su casa. Habrá que pasar una noche más acá.
Respiro y cierro los ojos.
En la tele, el ruido de los videos de MTV.
Respiro, ya mañana veremos.
Duermo.
Nuevo día. La enfermera me despierta. ¿Cómo está mi pacientito? Checa mi suero y me pone el medicamento. Al rato llega el doctor. Checa mi tomografía. Pregunta cómo van los trámites legales. Firma el alta y le dice a la enfermera que me tendrán ahí hasta que lleguen mis papás por mí. Me manda medicamento y me da una cita para la próxima semana. Tendré el collarín hasta entonces. Se despide y manda saludos a mi mamá. Le doy las gracias por todo. No es el Dr. House pero me ha caído muy bien.
Le marco a mis papás para preguntar. Dicen que van hacia allá.
A las 00:30 hrs salió el acta de liberación. A esa hora se fueron los guardias y ni se despidieron. Pasé la noche sin mis guaruras y yo ni en cuenta.
Mis papás llegan y me cambio. Me quito la bata verde horrenda y me visto.
Vamos con la enfermera encargada de piso para que firme no sé qué. Me da los medicamentos que mandó el doctor. Le doy las gracias y me despido.
En el pasillo me despido de los otros enfermeros que me atendieron y les doy las gracias.
Bajamos.
Mis papás firman en recepción el no sé qué del cual y salimos. Miro la calle.
Respiro.
Tomamos un taxi y vamos rumbo a la casa. Esto aún no termina pero lo fuerte ya pasó. Quedan sólo trámites con el seguro para que la Procu libere el carro y la aseguradora pague el monto. Fue pérdida total así que estamos sin carro.
Me encantaba ese carro.
El golpe fue muy duro y la verdad es que nos salvó bastante bien. Lo voy a extrañar. Ya lo había extrañado un par de veces en Argentina. Pero ni pex. Así son las cosas. Así pasa cuando pasa. Ahora, recuperarme y seguir con la vida.
Que no, no señor, no se acaba.
No por ahora.
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PD1: A los 5 días de usar el collarín, me ha irritado el cuello y me han salido ronchitas.
PD2: Este sábado fui a una boda, me salí para ir a ensayo. Voy caminando, escucho unos ladridos atrás pero no les doy importancia. Sigo caminando. De pronto, siento en la pierna una punzada y algo que me jala. Duele. Escucho ladridos. Un perro me está mordiendo la pierna mientras otro está a punto de darme alcance. Los golpeo con la mochila. El perro que mordió no logró perforar la piel pero me ha destrozado el pantalón. Insisten en querer morder. La dueña de los perros sale angustiada y gritando. Los espanta. Me pide disculpas y tiembla, dice que están vacunados, que no me preocupe, a cada rato se disculpa y tiembla. Le digo que no hay problema. Dice que cualquier cosa, puedo ir a su casa. Tengo prisa para ir a ensayo. Me voy. Los perros se fueron a pasear como si no hubieran hecho nada. El que mordió ni pena ha de tener. Sólo se le olvidó orinarme para cerrar el caso. ¡Sólo falta que me orine un perro! La mordida duele, me ha dejado marcados los colmillos y los dientes pero no perforó. Pero duele y se me ha inflamado. Ya me puse la antitetánica.
PD3: El mismo sábado que me mordió el perro, alguien cargó crédito a su celular y por error, en lugar de escribir su número, escribió el mío. Ahora tengo 100 pesos de crédito en el celu que algún despistado me donó. Una de cal por las que van de arena.